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Por que no contrato una tarifa de datos

No se si lo sabéis, pero recientemente se ha presentado un nuevo iPhone, concretamente el iPhone 3G S. No voy a entrar en tecnicismos ni nada, pero me llama mucho la atención, más que nada porque mi iPhone ya está un poco viejete y el nuevo tiene algunas cosas bastante interesantes.

El tema es que, obviamente, para poder comprármelo tendría que pasarme a Movistar y contratar una tarifa de datos por huevos (no es que vaya conectado por los huevos, sino que tienes que contratarlo si o si). El tema es que para el HTC Magic también es necesario, y de hecho así será para todos los teléfonos que merezcan la pena.

Pero yo no quiero tarifa de datos, nunca la he querido y nunca la querré, y aquí es donde explico mis motivos aunque os interese a pocos.

Tengo internet en mi casa, en casa de Paloma, en mi trabajo y en mi casa de Málaga, eso quiere decir que, excepto cuando voy en el metro o estoy dando un paseo por la calle tengo internet a una velocidad mínima de seis megas, tanto en mi teléfono como en mi ordenador a través de la wifi.

Esto quiere decir que el único sentido a contratar una tarifa de datos es para cuando voy en el metro (que no suele haber mucha cobertura) o cuando voy por la calle. Normalmente cuando voy por la calle voy dando un paseo disfrutando de la vida, del paisaje o de un beso.

Es por ese motivo por el que, personalmente, no necesito estar conectado a internet el 100% de mi tiempo. En serio, no lo necesito. No es por el dinero ni nada por el estilo, pero no me es necesario estar pendiente del correo o de twitter todo el día, y sinceramente creo que la mayoría de la gente que paga tarifas de datos tampoco.

Esto viene porque cada dos por tres hay alguien que me dice que un iPhone sin tarifa de datos es una tontería y que tal y que cual. Pues bueno, pues fale, pues me alegro.

Conozco muy poca gente que realmente NECESITE estar pendiente del teléfono, la mayoría lo hace por puro gusto, y aunque no voy a entrar a juzgar a nadie que lo haga, me parece una soplapollez. Ni si quiera mi padre, que es un emprendedor de verdad, de esos que crearon una empresa de verdad y no vive de vender humo necesita mirar su email cada dos segundos.

También tengo que reconocer que el hecho de no tener contratada una tarifa de datos me impide consultar la cartelera cuando voy por la calle, o buscar el teléfono de un restaurante, pero vamos, que personalmente pienso que los pros son más que los contras.

P.D: Aunque pueda parecer lo contrario cada uno es libre de hacer lo que le salga del nabo.
P.D 2: (:

“Déjame a mi”

Ayer y hoy me he estado pegando una buena maratón de “Play 3”. Más que nada porque desde que me fui a Madrid ni la he tocado (básicamente porque me la dejé en Málaga) y cuando vuelva no se cuando podré volver a jugar ya que aunque me la lleve ahora mismo no tengo donde enchufarla.

El tema es que he estado dándole duro al Mirror’s Edge y aunque en general es un juego facilito y que se deja jugar sin mayores complicaciones (cosa que me encanta, no soporto los juegos imposibles, me aburren) había llegado a una pantalla en la que me bloqueé. Nada, ayer una hora y hoy otra para poder conseguirlo finalmente.

Esto me ha recordado a mis tiempos mozos, cuando me pegaba horas muertas o jugando con mi hermano o con mi colega Mario a la consola que tuviera en aquel momento. Normalmente era yo el que jugaba y los demás los que miraban, más que nada porque me gustaba saber que era yo el que se había pasado el juego.

Sin embargo había ciertas pantallas, pruebas o lo que fuera que me eran imposibles. En esos momentos siempre se solía escuchar el mítico “Déjame a mi”. Tú colega (o quien fuera) te había estado mirando jugar durante horas y ahora creía que el podría pasarse esa pantalla.

La mayoría de las veces surtía efecto y gracias a tu colega podías seguir con el juego, pero esto resultaba un poco frustrante, al menos para mi lo fue, concretamente cuando, sin saber que era el final, en el Course of Monkey Island mi amigo Mario le daba la pimienta a LeChuck y lo siguiente que yo veía eran las letras del final…

Yo, producto andaluz

Es curioso y no se si los habitantes de otras comunidades autónomas (o naciones o como os salga de los cojones llamarlo) sienten lo mismo, pero voy a hablaros de una extraña sensación que te viene cuando estás lejos de casa, de tu hogar.

Es algo que ya sentía cuando vivía en Barcelona, pero en mucha menor medida, supongo que porque allí no estaba rodeado de andaluces, o al menos no de andaluces que llevaran poco tiempo viviendo fuera de “casa”. Es como si al salir de tu tierra te sintieras aún más identificado con ella al echarla de menos.

Esto es raro porque normalmente los andaluces no somos especialmente “nacionalistas” y nos da un poco igual este tipo de cosas, pero todo cambia cuando te piras. En Madrid me siento más andaluz que nunca, sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría de la gente con la que me junto es de Granada, de pueblos de Málaga o de Málaga capital.

También supongo que tiene que ver el hecho de que a los andaluces se nos considere como gente “de broma” o que no sabe expresarse simplemente por tener un acento más fuerte que el de los demás. Pero en fin, no quiero entrar en ese debate porque nunca acaba bien, lo que quiero decir es que al sentirnos en relativa inferioridad es normal que nos revelemos de esta forma.

No se si esto le pasa a todo el mundo o es solo cosa mía pero la verdad es que cada día me siento más orgulloso de lo que soy y más allá del estereotipo creo que ser andaluz (concretamente de Málaga) es la polla. ¿Abe o no, primo?

P.D: Ahí estás tuuuuuuuuu!!!

Aquí todo es distinto

En Madrid todo es diferente, en comparación a Málaga obviamente, las demás ciudades no las conozco.

Te das cuenta de que aquí todo es distinto cuando coges el metro a las 00:30 de la noche y está petado de gente. En Málaga a esa hora cualquier día si no es el centro de la ciudad (y depende que calles) lo máximo que vas a conseguir es que te metan un palo.

Aquí a medio día los restaurantes están llenos de mesas para uno y las raciones para llevar están a la orden del día. En Málaga a la gente no le gusta comer sola, es raro ver a gente comer sola o llevándose comida a casa. Nos gusta mucho eso de salir a la calle con “nuestra” gente.

Aquí parece que todo corre muy deprisa, los coches, la gente… Cuando llevas veinticinco años viviendo en un sitio donde llegas a cualquier parte de la ciudad en quince minutos en coche no te das cuenta de la suerte que tienes, de que en el fondo no hay prisa ninguna por llegar. Una prisa ficticia que creo que embriaga a todos los que viven aquí.

Aquí los domingos hay cosas que hacer. Parece mentira pero los domingos las calles están repletas de gente, las tiendas están abiertas (no en todos sitios, eso si) y la sensación de que hay vida es mucho mayor. Si me dieran un euro por cada vez que he dicho en Málaga un domingo que no había nada que hacer ahora sería rico.

Evidentemente ahora Madrid me parece fascinante, pero eso no quita que cada vez que pienso en las calles de Málaga no me entre un algo por el estómago que me hace detenerme por unos segundos. Pensar que ahora que se acerca el calor no tengo la playa a cinco minutos me va a matar, lo tengo bastante claro.

Pero se que estar aquí me va a compensar, de hecho ya me está compensando, me compensa cada vez que la veo a ella sonreír.

Fin de semana, cambio de vida

Madrid 1 de Febrero de 2009

Hoy es lunes, el primer día de la semana. El domingo, osea, el último día de la semana y el primer día de Marzo hago la mudanza a Madrid, por fin. Aunque quienes me conocen dicen que yo llevo en Madrid desde que tomé la decisión, y no solo porque haya estado yendo y viniendo de allí, sino porque mi mente ya no está conmigo cuando estoy en Málaga.

Empiezo el mes con una vida nueva, en una ciudad “nueva” pero cerca de la persona a la que quiero. Espero que todo me vaya bien, de hecho veo el futuro con mucho optimismo pese a que muchos se empeñaran en decirme que me estaba equivocando y que me iba a estrellar, yo creo que no. Si de algo me impregna Paloma es de optimismo e ilusión, cosas que no pensé que recuperaría, o al menos hasta este punto.

Me voy y dejo atrás una vida superfácil. Sólo los que me conocen de una manera más intima, mis amigos de verdad, saben hasta que punto mi vida podría ser fácil en Málaga. Y no sólo porque la calidad de vida aquí sea tremenda, sino que por suerte en mi casa las cosas van muy bien y yo no tendría que plantearme hipotecas ni nada por el estilo.

Pero si algo he aprendido a lo largo de mi vida es que no hay que ir a lo fácil o sencillo, no a lo que se espera que hagas, hay que ir a por todas y si de veras quieres ser feliz debes luchar por lo que quieres. Y lo que yo quiero ahora es irme y hacer mi vida por primera vez en veinticinco años. Depender solo de mi y de la persona que estará a mi lado.

Me hace gracia como ha cambiado mi vida en un periodo relativamente corto de tiempo, en dos meses. Recuerdo cuando hace nada yo decía que no me iría de casa de mis padres hasta tener cuarenta años, que vivía muy bien y que mi única pretensión cercana era comprarme una megatele para mi cuarto. Ahora está claro que tengo otras prioridades que me hacen sentir mucho más lleno por dentro, ya no tengo que suplir carencias afectivas.

No se como va a pasar esta semana, supongo que lo hará rápido, y ahora me enfrento a lo peor, las despedidas. Las odio, las odio a muerte, pero es inevitable, no quiero irme sin dejar cabos sueltos y despedirme de quien realmente se lo merece. Aunque tampoco es para tanto, porque coño, Madrid está ahí al lado.

Voy a echar de menos muchísimas cosas, a mi familia y a mis amigos sobre todo, pero también a ver la playa, a encontrarme gente conocida por la calle, al Village, los kinkis, conducir y un sin fin de cosas más. Pero sinceramente, creo que me va a compensar.

Os contaré un secreto…

… me aterroriza llegar tarde. Voy a explicarme para que no me toméis por loco.

Por norma general soy una persona bastante puntual, siempre llego antes que los demás a los sitios donde he quedado, y si quedo en casa de alguien siempre me toca esperar. Con el paso del tiempo he aprendido a no enfadarme por estas cosas, aunque cuando la gente se retrasa demasiado me toca especialmente los cojones.

Sobre todo porque la gente suele poner excusas al llegar tarde, como si los demás no tuviéramos problemas. Yo también cojo atascos, a mi también me entran ganas de cagar en el último momento, a mi también se me olvida coger las llaves de casa y tengo que volver. Pero esas son cosas que considero antes de salir y por eso me preparo un rato antes.

Pero a lo que me quería referir no era a ese “llegar tarde”, sino al llegar tarde cuando voy a viajar.

Cuando voy a coger un tren o un avión temprano en la mañana, cuando requiere madrugar, cuando requiere que pongas el despertador me es imposible conciliar el sueño. Es así, es inevitable.

La culpa la tiene un viaje a Barcelona que hice en el que casi pierdo el avión porque el despertador no sonó y tuve que salir corriendo. Finalmente lo pude coger, pero desde entonces el miedo se apodera de mi cada vez que voy a viajar.

Quizás sea porque viajar implica algo guay, algo que no te quieres perder en la mayoría de los casos. Como el domingo anterior que me iba a Madrid, entre los nervios previos por ver a mi novia después de varias semanas sin hacerlo y el miedo a que el tren partiera sin mi creo que no dormí ni dos horas. Y este domingo me pasará igual.

He probado a poner varios despertadores e incluso instar a mi madre a poner el suyo, para que no dependa todo de mi, pero da igual, me creo que los planetas se van a alinear para joderme y que no voy a poder ir a donde sea que vaya a ir.

Otro tema aparte es comprobar, el día antes, que tengo bien los billetes o las tarjetas de embarque. Tengo que revisarlo cinco o seis veces porque aunque vea que está todo correcto, que no me he equivocado de día ni de hora, necesito mirarlo varias veces. Lo miro, me quedo tranquilo y al cabo de un rato pienso “¿Seguro que lo he mirado bien?”, y vuelta a empezar.

No se si esto es un principio de trastorno obsesivo compulsivo, pero la verdad es que es un sin vivir. Menos mal que en breve se acabará por un periodo de tiempo.

Se tú mismo

Quien no ha escuchado alguna vez esa típica frase. En películas, en series americanas, incluso en la vida real la gente se atreve a dar este consejo sin saber muy bien las consecuencias que pueden traer sus palabras.

Si he aprendido algo a lo largo de mis veinticinco años es que la mayoría de nosotros nos hemos creado un personaje que interpretamos la mayor parte del día en la que intentamos mostrar lo mejor de nosotros, o al menos lo que creemos que es lo mejor. Quizás sea para protegernos de los demás o por querer caer bien, pero es así,

Cuando pasaba por un momento chungo en mi vida, hace relativamente poco tiempo, la mayoría de la gente me decía que no podía ser tan negativo y tan pesimista, que así como pretendía encontrar a nadie, que me vendía muy mal. Pero lo cierto es que si yo me sentía así no entiendo porque tenía que ocultarlo y mostrar un Alejandro optimista cuando realmente yo pensaba que todo era una mierda.

Pues siendo yo mismo es como conseguí a la chica a la que yo quería. Ni más ni menos que mostrándome tal como soy.

He aprendido que da igual como seamos, pero que hay que mostrarse como uno es al 100%, porque sino nos rodearemos de gente que no nos conoce en realidad y parecerá que todos estamos interpretando una obra de teatro a gran escala.

Si eres un House cualquiera mejor muéstrate tal como eres, porque es así como te rodearás de gente que te respete de verdad, que entienda como eres y te quiera de esa forma. No hablo ya solo de amor sexual, sino de amor de amistad. Si tus amigos no te conocen como eres como te van a querer de verdad, querrán a tu personaje, y a la hora de la verdad, cuando muestres tu yo real la gente sentirá que no te conoce, y te quedarás solo.

Frivolizar

Por norma general me considero una persona bastante bromista, de hecho quien me conozca sabe que no hay nada que me guste más que dar bromas. La verdad es que siendo sinceros a veces puedo resultar pesado y todo, que le vamos a hacer. Pero si hay una cosa que me encanta es frivolizar.

Creo que se puede hacer coñas con casi todo, me encanta hacer bromas de pedofilia, judios, negros, muerte y demás cosas que no siempre son bien recibidas. Y ese es mi problema, que muchas veces no me han partido la geta por pura suerte.

La verdad es que es algo que no entiendo, para hacer bromas de gayers parece que solo puedes ser gayer porque sino parece que eres un jodido homofobo y se te juzga sin ni si quiera conocerte. Creo que hay mucha gente hipócrita suelta por ahí y no se, me parece bastante triste. Yo voy a seguir haciendo bromas sobre la muerte de alguien al día siguiente de que ocurra y fingiendo que odio a los negros y si a alguien le caigo mal es lo que hay.

Hay que tener un poco más de sentido del humor.

Defendiendo las tarjetas regalo

Este viernes me toca regalarle a la responsable de recursos humanos de la empresa en la que trabajo por el amigo invisible. No la conozco, al menos no tanto como para seleccionar un regalo en condiciones que le pueda gustar. He tenido que preguntarle a varias personas para que me orientaran sin demasiado éxito.

En condiciones normales, cuando regalo algo, conozco suficiente a la persona para ir a tiro fijo y creo que en la mayoría de los casos suelo acertar. Además pienso que regalar dinero o tarjetas regalos es de muy mal gusto. Sin embargo he llegado a la conclusión de que, para casos muy concretos, puede (y debe) ser la solución perfecta.

Como por ejemplo el caso en el que comento. Una tarjeta regalo de El Corte Inglés (o de donde sea) será mil veces mejor que cualquier mierda que yo le pueda comprar a esta mujer sin conocerla de nada. Seamos sinceros, que yo acierte con el regalo es bastante improbable.

Sin embargo, como llegamos a la conclusión anoche una amiga y yo vía messenger, mucha gente piensa así pero nadie se atreve a dar el primer paso. Está muy mal visto regalar tarjetas regalo, en parte con razón.

Como ya digo no defiendo bajo ningún concepto regalarle una tarjeta regalo a tu hijo por tu cumpleaños o a tu novia por el aniversario, pero para casos como ese cumpleaños del amigo de tu amigo al que te han invitado sin saber muy bien porque puede venir de perlas.

Sin embargo no voy a ser yo el primero, me niego a ser el precursor de tal movimiento. Me niego a llegar el viernes con mi tarjeta regalo y que el resto de compañeros piensen “Fité*, el típico capullo que regala tarjetas regalo, con lo feo que está eso”. Sin embargo os pido a vosotros, que seguro que sois muy emprendedores, que deis el primer paso.

* Fíjate en lenguaje malagueño.

La puta zona de confort

Mi primer viaje en descapotable

Probablemente la mayoría de vosotros ya hayáis oído hablar de la zona de confort. Es ese modo de vida en el que las personas se sienten cómodas. Sin riesgos, sin decisiones complicadas. No se juega, por lo cual no se pierde, pero tampoco se puede ganar.

Se puede decir que yo vivo ahí, justo en el centro de la zona de confort. A lo largo de mi vida he tomado muy pocas decisiones importantes, una de ellas fue irme a Barcelona y bueno, ya sabéis que no fui demasiado feliz allí. Es por ello que ahora mismo ni me planteo irme de aquí, de Málaga.

Por cosas como esas es por la que me he acomodado en el epicentro de la zona de confort, y no hay quien me mueva de ahí. En el fondo me jode bastante que no sea capaz de arriesgar en mi vida, porque se que si lo hiciera otro gallo cantaría en según que cosas.

Si no le hablo a las tías como voy a ligar, sino arriesgo a la hora de buscar un trabajo como voy a encontrar uno guay, y un sinfín de cosas parecidas. Supongo que hay personas más predispuestas a arriesgar que otras y yo soy de las que no. Se puede decir que soy bastante cómodo en general.

Aunque también he de decir que vivir en la zona de confort no es tampoco de color de rosa. Es cierto que a veces también se pierde por el camino, cuando te surge la oportunidad de hacer algo diferente pero no eres capaz de hacerlo y ves como todo lo que querías y amabas se pierde por no haber sido capaz de tomar la decisión oportuna en el momento indicado.

Luego, cuando te das cuenta de ello ya es demasiado tarde.

A veces también, tú estás tan tranquilo en tu zona de confort y te aparece una oportunidad sin igual, un viaje sin precedentes a un lugar inigualable, lo único malo, debes abandonar el perímetro de seguridad. La sensación que te embriaga (al menos a una persona como yo) en esos momentos no se la deseo a nadie, un mal estar contigo mismo difícil de superar y creo que los que se identifiquen un poco con esto sabes de que estoy hablando.

La única escapatoria posible es que te aparezca una segunda opción, quizás no tan atractiva pero que te permita seguir viviendo en tu zona de confort. Es entonces cuando por fin puedes relajarte porque sabes que se acabaron tus problemas, prácticamente no tienes que decidir.

Me gustaría por un día ser capaz de abandonar esta jodida zona de confort y solicitar mi visado a Estados Unidos para irme a vivir a Florida. Es con lo que llevo soñando demasiados años y la decisión definitiva que me temo que jamás llegaré a tomar. No puedo evitar sentir envidia cuando un amigo me dice que se va a vivir a otra parte, a seguir con su vida y a probar suerte…

Puta zona de confort.