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Madurar

Estaba yo hoy aburrido en el trabajo cuando he leído el siguiente tweet enlazado en Microsiervos:

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Al leerlo me he acordado de un tema del que quería hablar en el blog desde hace tiempo pero que no sabía como enfocar para que no pareciera un mensaje pesimista, ya que no es lo que pretendo.

Madurar es muchas cosas, pero sobre todo es aceptación a uno mismo. Madurar, crecer, y darte cuenta de todas esas cosas que ya no podrás hacer más o que directamente nunca harás, ni conseguirás.

Hace tiempo, en un centro comercial de Fuengirola al que hacía siglos que no iba, nos salimos a la terraza de un bar a tomarnos la merienda cuando de repente aparece delante de mi un skate park. Quizás para muchos sea absurdo, pero en ese preciso momento sentí una tristeza infinita y me quedé embobado.

Allí había cientos de chavales haciendo skate, saltando, grindando… Lo más cerca que he estado jamás de todo eso es jugando al Tony Hawk. No se, me entristeció pensar que por mucho que siempre me haya llamado la atención todo ese mundo con mi edad y mi complexión jamás podría hacer nada parecido. Aceptar, de repente, que no vas a poder hacer eso que siempre te hubiera gustado nunca en tu vida.

Supongo que todos tenemos alguna asignatura pendiente con nosotros mismos. No se, para mi es lo del skate y otras tantas cosas, para otro puede ser algo como el tweet anterior, ser astronauta, o algo más sencillo y absurdo (a ojos de los demás, claro) como ser el dueño de un videoclub.

Se que muchos vendrán con el típico mensaje optimista de que si te propones algo con todas tus fuerzas lo puedes conseguir, y que nunca es tarde. Pero a mi modo de ver creo que uno debe aceptar sus limitaciones, pero también sus virtudes.

No se, creo que llega cierta edad en que, pese a que habrá muchas cosas que nos gustaría conseguir y que nunca podamos, también debemos evaluar lo que hemos conseguido y lo que aún podemos conseguir. Es tontería mantener ilusiones que sabemos que nunca conseguiremos, pero en parte esa es la gracia de la vida.

Madurar es demasiado complicado.

Que pena

Reconozco que me da mucha pena entrar aquí y ver en que ha quedado todo esto, el blog.

Realmente no escribo nada y no le dedico absolutamente nada de tiempo a esto. No se, no es por falta de ganas, reconozco que cada día tengo más ganas de escribir. Lo que no tengo es tiempo, y cuando tengo tiempo no consigo ordenar las ideas de lo que os quiero contar o no encuentro las palabras apropiadas.

Siempre odié esos posts en los que decías que no tenías mucho que contar. En este caso es algo parecido, quería al menos pediros perdón a los pocos que quedáis ahí.

Tampoco es que este poco activo en internet, realmente participo mucho en twitter y en Google Reader, a veces diría que demasiado, pero bueno así es la cosa. Os recomiendo que me sigáis en estos dos sitios si me queréis seguir la pista, además en Google Reader hay una gran comunidad de gente comentando cositas y nos lo pasamos muy bien.

Ya que estoy aprovecho la cobertura para recomendaros una serie, Mad Men. Seguro que la mayoría la habéis visto y yo soy el último mono, pero el caso es que nos hemos tragado la primera temporada en menos de una semana y acabamos de empezar la segunda. Realmente merece mucho la pena y es una de las pocas series que no es comedia que estoy siguiendo ahora mismo.

Sin más dilaciones os dejo, un abrazo a todos.

Extrañas coincidencias

Yo siempre he sido de creer en las señales. Quiero decir, siempre he pensado que la vida a veces te da señas del camino a seguir, aunque nunca me he regido por estas señales al 100% ni mucho menos, pero a veces me he dejado llevar por las mismas.

Hace unos años, no se, cuatro o cinco, andaba yo por la FNAC cuando vi que estaba la película “Cha, cha, cha” en oferta. Como es una película que me hacía especial gracia y que me gustaba bastante, pese a ser española y todo el rollito ese que tanto odia la gente, terminé comprándola.

Al llegar a casa la puse en mi estantería de películas sin ni si quiera abrirla, porque como no la iba a ver ese mismo día no me corría prisa. El tema es que pasaron los años y la película seguía ahí, sin abrir, esperando que un día llegara un momento especial para ella, y llegó.

Pasan un par de años y…

Resulta que era el cumpleaños de Paloma, cuando solo éramos amigos (aunque a mi ya me gustaba por esa época). Resulta que el mismo día de su cumpleaños y a última hora aún no le habíamos comprado nada pero de repente me acordé que a ella le encantaba “Cha, cha, cha” y no la tenía en DVD.

Pensaréis que es una gilipollez (y quizás lo sea), pero en ese momento pensé que quizás aquello significaba algo. No se, ¿cuantas películas tenía sin abrir? Solo esa, y justo era un regalo ideal para la chica que me gustaba. ¿Coincidencia? Seguramente, pero quiero creer que no, que es algo más.

Al final le regalamos la peli, y años después estamos juntos, aunque esto no es consecuencia directa de lo primero. No se, como ya digo la gran mayoría pensará que esto no son más que tonterías, pero yo creo que no, que son pequeños mensajes que nos manda la vida en si misma…

Haters gonna hate

Hace bastante tiempo que tenía ganas de escribir esta entrada. A modo de disclaimer simplemente decir que los hechos que relataré a continuación tienen una estricta relación con mi vida, dado que, antes de yo ser como soy ahora reconozco que era un poco hater, pero todo se quita madurando, leyendo, y conociendo posturas diferentes a la tuya.

Los haters siempre están ahí, agazapados, atentos, esperando cualquier fallo, cualquier detalle, para saltar y joderte con argumentos vacíos, con chascarrillos aprendidos, para intentar hacerte ver que lo que a ti te gusta es una puta mierda, y que ellos tienen la verdad.

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Te diré algo, hater, probablemente lleves razón, probablemente todos los productos de Apple sean una puta mierda y encima son demasiado caros. Quizás también tengas razón en que la PS3 es una mierda y lo que mola es la Wii o la 360. Es muy posible además que la música indie española también sea pura mierda y lo que mole sea realmente lo que te gusta a ti. Si, también llevas razón en eso, Linux mola más que cualquier otro sistema operativo. Llevas razón además en que Starbucks es un mierda de cafetería y que demonios, los cafés son carísimos comparados con la típica cafetería de barrio. Si, también es verdad que las películas de acción no tienen ningún tipo de argumento pero ojo, que también la llevas cuando dices que Woody Allen es un payaso y sus películas son pretenciosas a más no poder.

De verdad, que si, que te doy toda la razón te lo juro, no pretendo quitartela en ningún momento. Pero eso si, pese a que puede que lleves razón me importan una mierda tus argumentos, puesto que seguiré haciendo lo que me de la gana. Una cosa es aportar argumentos, dar tu opinión y discutir amigablemente las cosas y otra cosa es lo que haces tú, hater del montón. Tú no aportas una mierda, porque eres una basura.

Si realmente odias todas esas cosas ¿por qué no pasas de ellas? ¿Por qué cada vez que hay una keynote de Apple empiezas a twittear basura al respecto? ¿Por qué tienes que demostrar a cada rato que tú y solo tú llevas la razón?

De verdad, vive tu vida, disfruta de ella y se feliz. Ese es mi consejo del día.

No me gusta salir con gente

Antes de nada, y a modo de pequeño disclaimer, reconozco que soy una persona rara, que tiene sus manías, sus historias, aunque en el fondo siempre estoy dispuesto a ceder y adaptarme a los planes, pero después de cerca de 27 años aguantando llega un punto en el que acabo hasta los huevos.

No me gusta salir con gente, pero me voy a explicar mejor.

La mayoría de las veces me rodeo de gente genial, gente que merece la pena, que me aporta mucho y con la que me siento muy cómodo. Con estas personas la mayoría de las veces no tengo ningún problema en salir a donde sea, ya que por norma general los planes que salen me vienen bien.

Sin embargo es con la gente con la que no tengo demasiada confianza con la que no me suele compensar salir. Me explico.

Cuando sales con gente con la que no tienes confianza normalmente estás en minoría. Soy consciente de que hay que adaptarse, y creo que nadie puede tener queja de mi ya que suelo hacerlo sin rechistar y sin poner mala cara. Sin embargo hay veces con las que ya no puedo y me es inevitable estar incómodo y ganas de desaparecer. Me evado, me meto en mi mundo, no soy participativo de las conversaciones, pero es que nada de lo que ocurre a mi al rededor me invita a involucrarme.

Puedo parecer un egoísta, pero es lo que comentaba antes, he estado muchos años teniendo que aguantar lo que digan los demás y ahora, después de haber vivido muchas cosas y madurado es cuando me he dado cuenta que no tiene ningún sentido aguantar por gente que realmente no te aporta nada.

No me compensa que me lleven a un sitio que no me gusta, que encima se pida para compartir cosas que no me gustan y que uno no pueda pedir lo que le salga de los cojones porque como se va en grupo pues hay que pedir lo que diga lo que diga la mayoría. Lamentable, si voy a pagar que demonios, quiero comer lo que me de la gana e ir a sitios que a mi me gusten.

En fin, no tengo mucho más que añadir. Repito, esto tiene mucho más que ver con mis neuras que con los demás, reconozco que la gente no lo hace por joder, pero bueno, así son las cosas y así os la he contado.

Bienvenidos a un episodio más de #lahistoriademivida

Siempre he sido un ingenuo

No se si he hablado este tema por aquí alguna vez, seguramente si aunque no lo recuerdo ahora mismo. De todas formas que más dará si aquí ya no entra nadie. Al tema.

Siempre he sido un ingenuo.

Siempre me las trago todas (no seáis mal pensado, no me refiero solo a las pollas), soy una persona extremadamente confiada que al contrario que la gran mayoría, nunca piensa que quizás se la están metiendo doblada.

Recuerdo un día de diario, cuando era realmente pequeño, que mi madre me estaba bañando en la bañera de mi casa. Mi padre llegó de trabajar, más allá de las ocho de la tarde y me dijo “¿Quieres ir al Tivoli?” (el Tivoli es un parque de atracciones que hay en Málaga que aunque ahora es muy decrépito en su día era la bomba). Automáticamente salte diciendo que si.

Joder, ir al Tivoli era lo mejor que me podría haber pasado aquel día. Pero claro, todo era una broma de mi padre. Estaba claro, como coño ibamos a ir un día de diario de invierno, cerca de las nueve de la noche a un parque de atracciones. Es de locos, lo se, pero yo era un niño ingenuo y caí. Esa situación la llevo aún marcada a fuego en mi cabeza, una de las mayores desilusiones de mi vida.

Otro día, siendo algo más mayor, recuerdo que me gustaba una chica un año mayor que yo. Un día le pedí salir pensando que me diría que no, pero sorprendentemente me dijo que si. Así que quedamos para el sábado siguiente en el Carrefour para ir al cine y tal. Al día siguiente vino y me dijo textualmente “Oye, lo del sábado no va a poder ser, mi novio no me deja”.

Pensándolo en frío no había que ser muy listo para saber que aquello no podía ir bien, una chica mayor que yo y claramente varios escalones por encima mía en lo que a físico se refiere. Eso si, la tarde que pensé que seríamos novios no me la quitó nadie.

Un año después me gustaba otra chica de mi curso, más accesible a mi por diversos motivos. De nuevo me lancé sin red y ni os podéis imaginar la respuesta que obtuve. Me dijo literalmente “¿Salir? La verdad es que yo no salgo mucho. Pero no es que no me gustes, es simplemente que no salgo”.

Aquello me lo tomé con mucha filosofía, las razones me parecían bastante aceptables hasta que el viernes de la misma semana en que le pedí salir la vi por la calle con un grupo de niños y niñas. Os podéis imaginar el palo que me llevé.

Desde entonces no han sido pocas las veces que me han traicionado y dejado en la estacada por diversos motivos. Quizás el culpable aquí no sea más que yo, que me lo creo todo y que confía en todo el mundo hasta que no le demuestra lo contrario.

Con más de veintiséis años debería haber aprendido ya la lección de una vez, pero mentiría si dijera que así es. Hace poco personas que pensé que eran mis amigos me demostraron que no eran más que sucias ratas que lo único que pretendían eran chuparme la sangre y joderme la vida, por poner solo un ejemplo reciente.

Quizás debería ser un poco más malo, menos confiado e ingenuo, pero algo dentro de mi me impide ser así. Algo dentro de mi me hace creer que a pesar de todo ahí fuera hay gente que merece la pena, gente que no piensa solo en jugártela a la primera de cambio.

Y esto, amigos, es una parte más de #lahistoriademivida

Sin segundas intenciones

Hola, estoy escribiendo esta entrada en mi Macbook Pro mientras oigo Los Planetas. ¿A que coño viene esto? Veamos.

Estoy, sinceramente, bastante cansado de que cada vez que alguno dice que se ha comprado algo o que le gusta algo fuera de lo “normal” o que no le gusta algo que a la mayoría si parece que lo que quiere es marcarsela, que en realidad es todo fachada y lo hace por parecer guay.

La verdad es que, supongo que cosa de la madurez, ya me da igual lo que hagan los demás y me preocupo solo de lo que hago yo intentando no entrar en absurdos dilemas. Pero es que cada vez que alguien me viene a decir que a mi, por el simple hecho de que me gusten Los Planetas (por seguir con el ejemplo) ya me las quiero dar de moderno o de indie pues sinceramente me toca los cojones.

Como si no me pudiera gustar eso de verdad, como si siempre tuviese que haber un puto motivo oculto detrás de todo lo que hacemos. Quizás es que yo soy demasiado confiado, quizás es que en el fondo lo que yo considero madurez es inmadurez o quizás puede, y solo puede, ser que todos los que critican lo que hacen los demás, los que buscan motivos ocultos por los que a alguien que tiene un iPhone no le puede gustar un HTC Magic no son más que idiotas.

Estoy cansado ya de los motivos ocultos, de las segundas intenciones y de gente que lo único en lo que se preocupa es en criticar a los demás, de buscar siempre la vuelta de tuerca en vez de vivir su vida y dejar a los demás en paz.

Dicho esto me da igual que pienses que voy de guay porque de higos a brevas me gusta tomarme un frapuccino o un chocolate caliente con caramelo en el Starbucks, de que pienses que soy un pijo porque tengo un Mac, de que todo es fachada cuando escucho la música que escucho o de que me estoy pegando la vacilada cuando digo que me encantaría probar aunque fuese una vez la comida de “El Bulli”. En serio, es tu opinión, pero estoy harto de respetar las opiniones de los demás y que la mía no la respete nadie, así que metetela por donde te quepa.

Sin acritud.

Infidelizando al cliente

Hola, ¿hay alguien por ahí? ¿alguien leyendo por ahí? Si no hay nadie tampoco os lo puedo reprochar. Al tema.

Personalmente no soy una lo que se dice estrictamente fiel a los establecimientos, pero me gusta ir a los mismos sitios a comprar siempre y cuando me traten bien y el precio sea razonable. Por ejemplo si en el sitio al que suelo ir el producto X cuesta 3 euros, y en un sitio diferente al que no suelo ir cuesta 2,75 pues iré al que siempre voy porque aunque sea más caro me suelen tratar bien y me gusta el servicio. Para que cambiar.

Todas las mañanas voy a desayunar al mismo bar, hasta tal punto que no tengo que pedir para que ya me pongan lo que desayuno cada día, una barrita con aceite y tomate y una Cocacola. Esto para mi es calidad.

En su día me saqué la tarjeta de FNAC porque aunque costaba dinero en aquel entonces me compensaba porque como era soltero y triste me gastaba cantidades ingentes de dinero ahí y al final repercutía en buenos descuentos.

Sin embargo jamás me había planteado sacarme la del VIPS hasta que un día, cenando con Pedro10 me dijeron “Si te la sacas ahora mismo te hacemos un descuento directo en esta cena del 40%”. Se refería a la tarjeta del Club VIPS, no a mi polla. Así que me la saqué (la tarjeta, repito).

Quizás no me estoy explicando bien. Básicamente si me tratan bien vuelvo por los sitios, si me tratan mal no pienso volver.

En realidad quiero hablar de un tema del que ya he hablado más de una vez y es del pago con tarjetas.

Hace tiempo acompañé a Paloma a Kiko Cosmetics, una tienda de cosméticos baratilla y que está poniendo tiendas por todos lados. Ella quería comprar algo que costaba tres euros y como nunca llevamos dinero suelto (algún día hablare en detenimiento de esto) pensábamos pagar con tarjeta.

Sin embargo las dependientas nos dijeron que solo aceptaban pagos con tarjeta a partir de 12 euros. Dejamos lo que llevábamos allí y yo juré no volver nunca más.

Puedo entender que un supermercado de barrio no te quiera cobrar algo inferior a 12 euros con tarjeta porque sinceramente probablemente no le traiga a cuenta por las comisiones que le cobran, ¿pero una cadena? No creo que sea la mejor forma de fidelizar la verdad.

Estamos hablando de una cadena que probablemente facture millones de euros al año, eso significa que la comisión que le puedan cobrar por una venta de tres euros es algo anecdótico comparado con las cifras que supongo que suelen barajar.

Lo lógico, en mi mente al menos, es dejar contento al cliente y quizás no ganarle dinero a una venta de 3 euros pagada con tarjeta pero si ganar un cliente al que han tratado correctamente y que sabe que en ese sitio podrá pagar con tarjeta y no le ponen pegas.

No os confundáis, no estoy haciendo esta entrada en plan “HOLA SOY BLOGUERO Y MI OPINIÓN TIENE MUCHO VALOR Y VOY A HUNDIR ESTA COMPAÑÍA”. Ni muchísimo menos.

Simplemente considero que las grandes empresas deberían mirar más por los clientes, dejarse de tarjetas de fidelización y puntos de mierda y pensar en las cosas pequeñas. Las cosas que hacen que una persona salga sonriente de tu establecimiento sabiendo que volverá.

Hasta aquí mi pataleta. Gracias y un saludo a Berlusconi.

La evolución natural del switcher

Para quien no lo sepa un switcher es una persona que pasa un ordenador de cualquier marca a comprarse un Mac. Casi todo el mundo ha pasado por switcher ya que la gran mayoría de los que tienen un Mac en el 99% de los casos venía de tener uno de cualquier otra marca o incluso clónico.

Yo hace exactamente un año que me compré mi Mac y en todo este tiempo he observado tanto en mis propias carnes como en las de los demás un patrón que se repite en la mayoría de los casos.

My blueberry nights

Odio irracional. Antes de tener nada de Apple siempre se desprende un odio irracional por todos sus productos así como por sus usarios. Es innegable, todo lo que lleve la manzana nos toca los cojones y no cesamos en hacerselo saber a los demás.

Toma de contacto. De repente un día un amigo o en una tienda vemos uno de verdad, no ya solo a través de la pantalla del ordenador, e incluso lo tocamos. De repente ya no nos parece ese summum de la mierda que nos parecía antes, pero seguimos en nuestros trece.

Primer producto Apple (barato). Alguien nos regala un iPod o nos compramos nosotros uno o un iPhone. Vaya, ahora resulta que si, que el aparato mola y que quizás, y solo quizás, resulte que realmente valía lo que costaba. Ya no nos parece un productor con un precio por encima de su valor. Y defenderemos esto a capa y espada.

Dudas. Con nuestro pequeño objeto Apple en el bolsillo empezamos a dudar. Quizás nuestro ordenador con Windows o, en el más lamentable de los casos, Linux ya no nos parece tan genial. Nos apetece cambiar y los Mac son tan bonitos a simple vista que no podemos evitar pensar en ellos.

Decisión. Por fin tomamos la decisión de comprarnos el amado ordenador. En la mayoría de los casos un portátil ya que son los más versátiles y tienen gamas para todos los gustos y bolsillos.

Puteo. Resulta que como estábamos acostumbrados a usar Windows, o en el más triste de los casos, Linux, no nos acostumbramos al Mac y nos parece que todo lo hace mal. No podemos evitar escribir en nuestros blogs o en nuestros twitters que los Mac son una mierda o en el peor de los casos putear a nuestro cuñao el maquero por recomendarnoslo.

Cambio de planes. Resulta que nos hemos ido acostumbrando al Mac, vemos que quizás la forma de trabajar con el mismo tiene una razón de ser y que incluso lo hace mejor que nuestro antiguo sistema operativo. Además empezamos a ver que todo eso que nos parecían pijadas de diseño son la polla en verso. Aún así no las tenemos todas con nosotros y estamos siempre con la mosca detrás de la oreja.

El mejor ordenador del mundo. Y de repente un día ocurre, estás sentado delante del ordenador del trabajo o mirándole que coño le pasa al de tu amigo y no puedes evitar cagarte en Windows y en la madre que lo parió. Si, tenemos el mejor ordenador de mundo, un Mac, no podemos evitar decirlo cada vez que alguien habla de ordenadores. Los Macs son los mejores.

Discuss.

El fin de la paciencia

En líneas generales me considero una persona bastante paciente. Siendo sinceros para la mayoría de las cosas tengo una paciencia supina, pero para otras (hacer cola para comprar algo en McDonald’s, por ejemplo) mi paciencia es nula (de ahí que me encantaría que existiera una cola VIP en estos sitios, que pagas un poco más pero te saltas la cola por completo).

La sociedad de hoy día ha acabado con la paciencia, o más bien no la queremos ni ver. Es por ello que cada día inventamos algo nuevo para no tener que esperar.

Conexiones a internet en nuestros teléfonos para poder estar perpetuamente encadenados a la red, para poder subir al momento las fotos que hacemos y contar las cosas que nos pasan. Nos bajamos las series de internet porque no soportamos ver los anuncios (aunque hay otros motivos para esto), pagamos por sistemas de descargas en internet para bajar al tope de nuestra conexión y así tener las cosas al instante.

No recuerdo la última vez que me senté en un parque a ver a la gente pasar. A simplemente estar ahí sin tener nada que hacer, sin mirar el teléfono ni el reloj, simplemente disfrutando del no hacer nada. Hemos perdido hasta el aburrimiento, ya no nos aburrimos nunca. De hecho creo que los niños de hoy día ni si quiera conocen la palabra.

No se si todo esto es bueno o malo, supongo que es síntoma de que la sociedad avanza, de que esperar es cosa del pasado o de los países subdesarrollados pero creo que con la pérdida de la espera, del aburrimiento se está perdiendo cierto romanticismo.

¿Que fue de aquello de esperar a tu novia abajo durante veinte minutos? Eso ya no existe, ahora le pedimos que nos de un toque al móvil cuando esté casi lista para así salir de casa y no tener que esperar.

Posiblemente esto no sea más que una sarta de gilipolleces escritas por un tipo con mucho tiempo libre, pero quería que esto perdurará en interwebs para siempre, o al menos hasta que caduque el hosting.